
El imparable horizonte Cloud 2030: 3 de cada 4 empresas estarán en la nube
El Cloud ha dejado de ser una opción para convertirse en una necesidad estratégica para las empresas en Europa. Y esto es algo que tienen claro cada vez más corporaciones, conscientes de que mantenerse competitivas en un entorno de mercado voraz y en constante evolución exige apostar por tecnologías disruptivas que disparen las potencialidades del negocio.
Para muestra, las cifras. La estrategia europea para la Década Digital -así se ha bautizado a nuestros actuales años 20- estima que en 2030 el 75% de las empresas del continente utilizarán la nube como servicio para sostener sus operativas. Este ambicioso horizonte se apoya en una evolución que se ha revelado como imparable a lo largo de los últimos años.
Si en 2014 Eurostat estimaba en un 20% el número de empresas europeas que usaban servicios Cloud, en 2021 las cuantificaba en un 41%. La consultora especializada NTT Data, a través de otro estudio elaborado hace apenas dos años, dibujaba un panorama global más avanzado en el que seis de cada diez compañías de todo el mundo estarían usando ya la nube híbrida.
En el caso concreto de España, la apuesta por la nube como servicio también invita al optimismo. Un informe del Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (ONTSI) cifra en el 31,8% el porcentaje de empresas de 10 o más empleados que usan sistemas Cloud de manera habitual y estable.
A la hora de analizar las múltiples causas que han favorecido este auge emergen dos que destacan por encima del resto: la seguridad y el ahorro. Los gigantes del Cloud han diseñado en torno a los sistemas en la nube arquitecturas a prueba de agresiones externas, implementando sofisticados sistemas de codificación, encriptación y autenticación que permiten resguardan los datos, tanto en tránsito como en reposo, como si estuvieran refugiados en el interior de un búnker.
Cabe destacar que se han establecido políticas de acceso rigurosas que limitan quién puede acceder a la información almacenada. Las empresas proveedoras invierten en la detección temprana de amenazas y la respuesta a incidentes para garantizar que cualquier intento de violación sea detectado y abordado de manera inmediata.
Pero más allá de su papel como última línea de defensa en la seguridad de los datos, el Cloud también se destapa como un potente impulsor de la eficacia operativa y el ahorro de costes. Tradicionalmente, mantener una infraestructura de TI interna implicaba una inversión considerable en hardware y mantenimiento. Sin embargo, la nube permite reducir drásticamente costes al eliminar la necesidad de adquirir y mantener servidores físicos. Las organizaciones incluso pueden optar por modelos flexibles de pago por uso como el SaaS (Software as a Service), que facilitan que se pague únicamente por los recursos que se consumen.
El Cloud es sinónimo de ahorro, pero también de sostenibilidad. Con la apuesta por la nube, las empresas minimizan su huella de carbono, reduciendo el consumo energético que supone mantener servidores físicos. Un argumento eco-responsable que suma puntos a favor de una tecnología siempre valorada en el ámbito social y corporativo.
Al margen de las bondades que ofrece el Cloud, es de justicia señalar alguno de los retos que plantea. La vertiginosa evolución de los sistemas en la nube demanda una formación continua de los equipos de trabajo, así como una regularización y adaptación constante de las normativas de protección de datos. Pero son desafíos que sin duda palidecen ante los beneficios que el sistema ofrece.
El Cloud se consolida como una de las grandes palancas de la transformación digital en Europa, convirtiéndose en un potente aliado para el almacenamiento y manejo de datos y un catalizador de la eficiencia y el ahorro operativo. Las empresas europeas vienen recogiendo los frutos de esta apuesta que, lejos de ser una moda pasajera, se alza como un pilar fundamental para la empresa del futuro.




