
Financiación verde: cómo el leasing y renting impulsan una industria sostenible
El concepto de economía circular se abre paso en la vida de las empresas como un valor estrechamente ligado a su reputación. Las grandes compañías europeas llevan años entendiendo el compromiso con la sostenibilidad en sus procesos productivos como un objetivo de primer orden, alejado de la idea de beneficio colateral que tiene sentido sólo si la facturación alcanza cotas máximas. Esto responde, en gran medida, a un principio asentado en el mercado global: la rentabilidad puede dispararse cuando una organización, además de sus servicios, vende una filosofía de trabajo que repercute de forma positiva sobre el conjunto de la sociedad.
No son pocas las compañías que buscan subirse al tren de la sostenibilidad sin saber bien cómo. Y la respuesta en muchos casos pude resultar más sencilla de lo que parece: la financiación —alimento necesario para el crecimiento de toda empresa— emerge como una vía rápida y eficaz para comenzar a imprimir el sello verde a la propia marca.
Fórmulas tan crecientes como el leasing o el renting se presentan como herramientas esenciales para promover un modelo productivo y de consumo circular en el que el valor de los equipos, materiales y recursos se mantiene en la economía durante el mayor tiempo posible, reemplazando el paradigma tradicional de "comprar, usar y desechar" por uno mucho más eficiente.
La Unión Europea sitúa la transformación sostenible de la industria continental como una meta prioritaria. Prueba de ello es el ambicioso plan anunciado el pasado mes de abril en el marco del Foro Mundial de la Economía Circular 2024, a través del que los principales bancos públicos de promoción pondrán en circulación cerca de 16.000 millones de euros para financiar proyectos de esta naturaleza con vistas a 2025.
Las instituciones europeas sienten la necesidad de acelerar en la promoción de este tipo de fórmulas de financiación no tradicionales, no sólo por su contribución al medio ambiente, también porque ejercen de herramientas poderosas para potenciar la competitividad de las empresas. Más allá de eso, las metas continentales no avanzan al ritmo deseado. A finales de 2022 se cifró el peso de la economía circular en la UE en el 11,5% de la total, un porcentaje considerable pero insuficiente en relación a la meta trazada.
En el sector tecnológico de nuestro país, por el contrario, el impacto de la apuesta sostenible resulta innegable. El informe Barómetro 2024 Ynvolve revela que el 53% de los profesionales de TI españoles adquiere hardware reacondicionado para satisfacer sus necesidades, apoyándose de forma clara en un modelo circular a partir del leasing que permite ahorrar costes y, a la vez, reducir en miles de toneladas los desechos electrónicos derivados de su actividad.
En este sentido, el leasing y renting tecnológico contribuye significativamente a la reducción de la huella de carbono corporativa. La cadena de valor se torna más eficiente al promover la reutilización y el reciclaje de equipos. Al minimizar la producción de nuevos bienes y extender la vida de los existentes, se disminuyen las emisiones asociadas con la fabricación y transporte de nuevos productos.
Este hecho resulta especialmente relevante en un sector que exhibe una proyección de crecimiento imparable y que durante los próximos ejercicios va a multiplicar su gasto innovador de forma significativa, tanto en infraestructuras como en nuevos equipos. Cabe recordar que las inversiones en TI superan actualmente en Europa los 1,1 billones de dólares anuales y que apuntan a batir récords de cara a 2027.
Según datos de la Agencia Europea del Medio Ambiente, la producción tecnológica representa una parte considerable de las emisiones de CO2 del sector industrial en el continente. Las estimaciones del organismo señalan también que adoptar modelos de leasing y renting puede llegar a reducir las emisiones hasta en un 30%, en virtud de la disminución de la demanda asociada a nuevas producciones y la optimización de los ciclos de vida de los productos.
Por todo ello, el ecosistema tecnológico vive inmerso en un periodo de transformación integral en el que startups y grandes compañías incorporan la financiación ‘verde’ como vía para acceder a una innovación respetuosa con el entorno, que además no obliga a elevadas inversiones iniciales. Esto repercute en el músculo competitivo de las empresas, que pueden liberar recursos para destinarlos a otras áreas críticas como la investigación o el desarrollo de nuevas soluciones.




